Una pila. Un hombre. Un avión. Un vuelo. Ningún motor. Puede que resulte inverosÃmil que un aparato de 16,3 metros de envergadura --una avioneta biplaza normal y corriente-- pueda volar gracias a la fuerza de una pila de hidrógeno, pero eso es justo lo que ha estado ocurriendo durante el último mes y medio en el pequeño aeródromo de Ocaña (Toledo). Boeing, la compañÃa que ha logrado que la hélice se mueva mediante este acumulador de energÃa con la suficiente fuerza para desplazar un avión con una persona dentro, presentó ayer un proyecto que rezuma buenos propósitos ecológicos, aunque, por el momento, no puede aplicarse a los aviones comerciales. TodavÃa falta mucho para que cientos de pasajeros puedan desplazarse de un continente a otro propulsados por una simple pila.
O no, porque ni la pila es tan simple ni lo que vaya a ocurrir a medio plazo está tan claro. "Lo que querÃamos probar es que puede hacerse, más allá de sus aplicaciones prácticas --explicó Francisco EscartÃ, director general de Boeing Research & Technology Europe, la rama experimental de la empresa, ubicada en Madrid--. Ahora deben ser otros los que desarrollen la idea. Nuestro proyecto termina aquÃ". Es decir, acaba con los tres vuelos que en febrero y marzo han salido de Ocaña.
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