Así lo confirmó este mes la agencia espacial rusa Rocosmos, una de las más activas del planeta en enviar viajes al espacio.
Actualmente, la mayoría de las naves espaciales que existen aterrizan de forma similar a los aviones –horizontalmente–, amarizan o descienden con un paracaídas. Sin embargo, este no será el caso de las nuevas naves rusas que estarán equipadas con motores especiales diseñados con la última tecnología de combustión –que se mantiene en privado, como un resguardado secreto científico–.
“La nave no tendrá alas, pero será maniobrable en la atmósfera”, informó la empresa RIA Novosti, uno de sus fabricantes. “Esta tecnología de aterrizaje no solo es más segura para la nave y los astronautas a bordo, sino que amplía las posibilidades de aterrizaje, pues los nuevos vehículos no tendrán necesidad de una larga pista para volver a Tierra. Esto también facilitaría el descenso en un lugar distinto cuando hay mal clima en el sitio previsto inicialmente”, explicaron los especialistas de Rocosmos en su sitio web.
Los actuales constructores explican que cada una de estas naves podrá ser utilizada hasta 10 veces (ida y vuelta) y soportará cargamentos de 500 kilogramos y hasta seis tripulantes por misión, el doble de cosmonautas que las actuales naves rusas.
Hay que destacar que la razón por la que ya se pueden enviar más personas en estas naves es que la ISS tiene también más espacio para hospedar a los rusos, algo que no se podía antes. Eso le permitirá a la agencia Rocosmos avanzar más rápido en sus experimentos científicos en el complejo espacial.
Por si fuera poco, estos aparatos serán mucho más rápidos al desplazarse que los actuales y, utilizarán mucho menos combustible, lo que significa que abaratarán los costos de cada viaje y disminuirán su contribución en cuanto a la emisión de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono (CO2) hacia la atmósfera del planeta.
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